ELEONOR ESTÉVEZ- Llevo meses renegando de la conocida aplicación de mensajería instantánea denominada Whatsapp,“Wuasá” para los padres, que ya supera nada menos que los 800 millones de usuarios. Un día llegué a casa de trabajar a las siete de la tarde y me puse a charlar con mis amigas y algún amigovio. Ninguna conversación especialmente trascendental. Pero cuando levanté la cabeza de la pantalla era de noche y el reloj marcaba las once. ¿Pero qué me pasa? Estoy dejándome la vida en el smartphone.  Como diría Fernando Fernán Gómez, pensé: ¡A la mierda!

Apagué el móvil tres semanas. ¡¡Tres semanas!! Cierra los ojos e imagínate tu vida sin móvil tres semanas. También es verdad que pude hacer este experimento porque justo me iba de vacaciones y no era necesario estar localizable en la agencia. Los dos primeros días “desconectada” miraba continuamente su brillante pantalla negra. Por defecto. Y con ansia. Mi teeesooorooo. Estaba intoxicada. No sé si soy adicta a Whatsapp. O al móvil. O a las dos cosas.

Lo que para unos es un uso normal de la app para otros es realmente molesto o inapropiado

Seguro que tú también. Ya en 2013 Proyecto Hombre alertaba de la aparición de los primeros casos de adicción a esta aplicación y la dificultad de tratarla. No se trata de dejar de usar las nuevas tecnologías por completo, como ocurre con otras adicciones como las drogas o el juego, sino de aprender a usarlas correctamente. Pero… ¿Cuál es el uso correcto?

Aunque solo quieras utilizarlo para cosas puntuales y personales (“¿Hola, qué tal estás? ¿Quedamos en media hora?”) al final, de forma más o menos voluntaria y consciente, acabas entrando en la dinámica de tus contactos; riendo memes que tampoco te hacen tanta gracia, compartiendo noticias absurdas que no aportan nada, preguntándole la receta a tu madre de las truchas al horno o respondiendo a cuestiones de trabajo fuera de horario.

Recuerdo aquél último día de contrato en un periódico, después de decirme que no me podían renovar  y llevarme mis cosas en una caja de cartón “a la americana”.  A mi exjefe le pareció una brillante idea exigirme por Whatsapp pasadas las doce de la noche que al día siguiente volviera al trabajo. Le respondí que prefería que lo habláramos en persona al día siguiente en su despacho porque Whatsapp no me parecía el mejor canal y se ofendió hasta el punto de perder las formas. Lo que para unos es un uso normal de Whatsapp para otros es realmente molesto o inapropiado.

Por no quedar mal o parecer bordes no abandonamos esos cinco molestos grupos de Whatsapp que nos inundan de notificaciones. Nos vemos obligados a responder lo antes posible a cualquier mensaje independientemente de su urgencia. Nos molesta tener el simbolito de Whatsapp en el área de notificaciones de la pantalla. Se va a acabar el mundo si no lo miramos en el momento.

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‘Life Smartphone’ (Xie Cheng Lin, 2015)

La constante necesidad de conexión e inmediatez nos ha llevado además a un cambio de paradigma en los hábitos sociales de comportamiento. En nuestra forma de comunicarnos, relacionarnos, aprender. Ahora hacer llamadas nos provoca alergia. Nos parece una intromisión llamar si no hay confianza, pero nos parece perfectamente normal escribir un mensaje de texto a la 1 de la mañana contando a un par de contactos que no puedes dormir.

Tanto es así que ni los más allegados llaman ya con tanta frecuencia. Durante mi particular experimento llegó a mis oídos que más de una amiga estaba preocupadísima porque no contestaba en Whatsapp. Pero cuando lo encendí comprobé que ninguna de ellas me había llamado al móvil. Ni al teléfono fijo, ese retro tan bonito que tengo. Aunque tuve la falsa impresión de estar perdiéndome cosas, fueron las tres semanas más relajadas de mi vida.

Plantémonos. Seamos sinceros: “me voy del grupo, no me interesa lo que compartís”, “por favor, a partir de las 11 de la noche no existo en Whatsapp”. Hago un llamamiento a nuestros lectores para que nos paremos a pensar si el uso que le estamos dando a la app es el que le queremos dar y a poner unos límites. La tecnología continuará avanzando y debemos aprender a utilizarla sin chocarnos por la calle por no levantar la vista de la pantalla.

7 Comments

  • Celia

    ¡Totalmente de acuerdo! Perdemos mucho tiempo en Whatsapp

  • Eleonor Estévez

    Muchas gracias por tu comentario Celia. En algunos casos ayuda a ahorrar tiempo, pero todo depende de para qué quieras usarlo.

  • saray

    ¡Qué razón! Y qué risa leyéndolo. Muy bueno

  • Eleonor Estévez

    Nos alegramos de que te haya parecido divertido Saray. Precisamente esa era nuestra intención, hablar sobre cómo la utilización de la app está influyendo en las relaciones personales y laborales pero con un toque de humor. ¡Sigue leyéndonos!

  • Elke

    Ahorra tiempo a la hora de dar a conocer una noticia a mucha gente, pero dejas de tener vida porque te taladran a mensajes…

  • Mayte

    Estoy totalmente de acuerdo contigo, y me pregunto: ¿nos hemos hecho adictos a la tecnología o vagos…? A veces las circunstancias nos llevan a enviar Whatsapps por ser una hora a la que no se debe llamar, pero incluso en reuniones sociales es una herramienta para amenizarlas. ¿Dónde nos llevará esto? Estamos perdiendo lo mejor de ser personas.

  • Eleonor Estévez

    Gracias por vuestros comentarios Elke y Mayte. Tenéis razón, las relaciones sociales están cambiando a causa del entretenimiento instantáneo que ofrece Whatsapp, y no precisamente para bien

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