VICTOR MELERO – Diseñador Gráfico

Durante los últimos años hemos sido testigos directos de infinidad de cambios. La revolución digital, entre otras cosas, ha ido barriendo poco a poco el sector editorial (pese a la resistencia y buenísima adecuación de algunos) llevándose consigo la separación entre gráficos impresos e interactivos. Nadie ignora ya el gran crecimiento del Big Data y el auge que ha supuesto para la visualización de datos. No es difícil darse cuenta de ello. Allí donde miramos podemos comprobar que el vídeo y los productos gráficos adquieren, día tras día, un papel protagonista en el ámbito de la explicación.

La adaptación al formato de infografía posiblemente sea más lenta de lo esperado

Los humanos estamos acostumbrados a responder ante lo visual. Antes de leer y escribir, dibujábamos, tanto si nos remontamos a las pinturas rupestres del homo sapiens, como en el proceso de aprendizaje de un niño en la actualidad. Según el estudio recogido en Human Anatomy & Physiology, el cerebro comprende con mayor facilidad los datos que así se presentan gracias a que el 70% de nuestros receptores sensoriales están en los ojos. Representar datos visualmente no es algo nuevo, lo que sí resulta novedoso es la cantidad de datos disponibles.

Inmersos en una época en la que el “aquí y ahora” representa uno de los valores más importantes a tener en cuenta con vistas a una buena comunicación y a una mayor aceptación del mensaje por parte del lector, la proliferación de las infografías para la digestión de datos se ha convertido en un fenómeno digno de analizar.

La era virtual ha cambiado nuestra forma de relacionarnos con el mundo y, actualmente, nos guste o no, estamos conectados las 24 horas del día pendientes de cualquier notificación o actualización para seguir saciando nuestra sed de información. Internet se ha convertido en nuestro principal mentor y recurrimos a él para cualquier duda que se nos pueda plantear en el día a día. Curiosamente, el uso y la experiencia que hemos adquirido en su manejo, han hecho que cada vez leamos menos, en realidad, casi ni leemos: nos dedicamos a escanear información. Nos detenemos en aquellos elementos tipográficos que muestran una mayor fuerza visual, ya sean titulares, entradillas, pies de foto, textos en negrita… sea por falta de tiempo o porque nos supone un “gran esfuerzo”. Tal vez por ello, y porque los soportes de los que disponemos se prestan con mayor facilidad a una comunicación visual, la infografía ha cobrado un papel protagonista en los últimos años y representan, hoy más que nunca, una valiosa ayuda para comprender con mayor facilidad el mensaje.

El 70% de nuestros receptores sensoriales están en los ojos

Tenemos ante nosotros una gran responsabilidad como profesionales de la comunicación. El reto no es sencillo: los lectores deben a aprender a visualizar correctamente las infografías y las agencias deben explotar nuevos soportes sin pretender extraer una infografía de todo. ¿Cómo desarrollaremos infografías más interactivas? ¿Cómo influirá el dinamismo y el vídeo en ellas? Es un camino largo por recorrer en el que aún no está clara la dirección. Así, esta adaptación de los grandes datos a este formato posiblemente sea más lenta de lo esperado. Debemos aplicar aquello de “una imagen vale más que mil palabras”, pero al mismo tiempo, no podemos obviar las mil palabras que deben aparecer en la imagen.

Esforcémonos en representar datos de una manera clara y precisa, si puede ser de una forma hermosa mejor que mejor, pero no perdamos de vista nuestro objetivo final. Esperemos que en un futuro (no muy lejano, por lo que parece), una mayor presencia de datos sea capaz de aportarnos más claridad y sabiduría a nuestras vidas en lugar de acentuar su complejidad.

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